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La buena noticia. Memorias


       No me refiero al miedo a la desnudez del cuerpo. En este caso estoy hablando del autorrespeto que nos impide transmitir nuestros sentimientos o pensamientos en la mayoría de las ocasiones.

      El que escribe acaba por revelar lo que bulle en el interior de su mente. A veces le sucede como cuando se está en el hospital. Llega un momento en que no le importa mostrar sus “vergüenzas” a la primera persona con bata que pase por allí. Aunque sea la limpiadora. Cuando te pones a escribir comienzas a desvelar tus “historias” como si estuvieras hablando contigo mismo.

     Hemos pasado tres meses muy duros. Cada uno de nosotros se ha escapado de su soledad como ha podido. Yo he optado por contar mi vida a mis amigos. Con la excusa de componer una especie de diario de batalla contra la pandemia, he publicado un folletín con ochenta episodios o capítulos. En el mismo he revelado muchas cosas de mi vida, casi todas. Cualquier relato, aunque se intente evitar, siempre se nutre de situaciones autobiográficas. En el presente caso, no solo he querido evitarlo, sino que me he propuesto profundizar en mi memoria para no dejarme nada atrás.  

    Sigo en ello, ahora he optado por redactar mi proceso en la adaptación a la “nueva normalidad”. Continúo escribiendo un capítulo diario, en el que entremezclo situaciones de mi vida pasada, presente y futura. Tengo materia para muchos capítulos.

    La buena noticia de hoy se basa en que ha cundido mi ejemplo. Tengo tres lectores que han procedido a actuar como yo y me envían sus pensamientos a diario. Creo que este es un sano ejercicio para nuestra mente, nuestro espíritu y nuestra memoria. Muy recomendable para los que estamos mayores o muy mayores. Tan solo uno, de los que reciben mis escritos, me ha mandado a esparragar. Por considerarme pesado. Algunos otros se hacen eco de alguna de las cosas que transmito, pero, sobre todo, personalmente, lleno parte de mi vida. Tengo una hija que dice que ahora me conoce mucho mejor: otra buena noticia.

     No me digan que estoy medio chalado. Los famosos, los influencers y los gurús de la comunicación, se tiran todo el día haciéndose fotitos y diciendo chorradas por twitter o por instagram. Yo lo hago al viejo estilo y con más sustancia. Perdonen que me auto defienda. Si no me comprenden, con no leerme, es suficiente. Sigo pensando que, más o menos interesantes, llevo diecisiete años transmitiéndoles buenas noticias. Me siento orgulloso y feliz.

 

 

 

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