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Melancolía; la salud no tiene nada que ver con armonía y adaptación


            La melancolía tiene que ver con una pérdida, que puede ser de un ser querido o de un ideal, o frente a lo que no coincide con lo que se quiere del objeto.  No es cuestión de algo exógeno o endógeno, porque el ser humano padece y vive sobredeterminado por su realidad psíquica, por lo inconsciente. La melancolía siempre es ante una pérdida, aunque no se pueda determinar aparentemente a qué.

            Contra la demanda de que se abandonen esas ligaduras con lo perdido hay una resistencia, porque el ser humano no abandona gustoso ninguna posición de sus lazos libidinales.  La sombra de lo perdido cae sobre el yo. Hay un autorreporoche, donde la persona se ve indigna, se denuncia a sí misma públicamente, pero no es a ella, es lo otro en ella, por eso es que hay riesgo de suicidio.  Es una aniquilación a lo perdido, sujeto a una ambivalencia afectiva.   Hay fantasías de ruina, de empobrecimiento, tal vez dolor en el cuerpo, o angustia... hay mil y una caras para este padecimiento que inunda al mundo de gris.

            Pero el mundo no es gris, hay colores, somos un sujeto psíquico, sujeto del deseo, y esto conlleva lo social, lo grupal...

             La salud no es ausencia de enfermedad, ni equilibrio, ni armonía, ni adaptación. Un sujeto sano es aquel que puede amar y trabajar, transformar la realidad que conoce, un vértigo de incertidumbre generador de los mayores logros del ser humano. Dejémonos de ese ideal de completud, de absurda tranquilidad que sume al sopor y a la parquedad de todo discurso. Somos exaltación, risa, llanto, un subir y bajar de mareas, donde uno cae y se levanta, se equivoca, corre el riesgo de vivir para morir más allá de las curvas de la vida, cuando se extinga todo deseo.

            ¿Dónde los ideales? ¿Dónde el deseo que genera movimiento? 

            No podemos simplificar al ser humano a un conjunto de reacciones bioquímicas para convertirlo en un ser adormecido, sujeto a las farmacéuticas y condenados a vivir errantes, sin mirada, autómatas pasándoles la muerte por encima a cada paso.

            No tiene nada que ver con dar afecto, ni amor, tienen la capacidad de amar revocada. Hay ausencia de miras, de futuro que permita la sustitución. La salud tiene que ver con la capacidad de sustitución.

            Vivir es ya ganar, producir esa vida que quieres para el mañana. Hay quien aún no pudo construir su cuerpo psíquico, aún está pegado a esa mamá, sensación de completud, y cada pérdida le sume en el agujero.

            ¿Hay ausencia de miras? ¿Dónde el futuro? ¿Nos permitimos  ese cuerpo social? ¿O estamos sometidos a un imperialismo ciego orquestado por el negocio de unos pocos?

            La palabra en poesía abre caminos al futuro, una combinación con otra produce un nuevo mundo.  ¿Resistencias a la transformación? No somos equilibrio, ni adaptación, somos el vértigo de una humanidad que dice sí a la vida. Una valentía de no ceder en  la palabra para no ceder en los hechos.

 

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

 

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