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    La buena noticia. También hay buenas noticias


        Como cada semana me apresto a intentar transmitir a aquellos que me honran con la lectura de mis comentarios una buena noticia.

         Los tiempos que corren no posibilitan acceder a demasiadas. Al no poder salir de casa, toda la información nos llega a través de los medios, que, como siempre, siguiendo las normas periodísticas, inciden más en lo negativo que en lo positivo. La tragedia vende más que la comedia. La lágrima vende más que la sonrisa.

        No estoy en contra de la información. Lo que me parece exagerado e inconveniente es el exceso de opiniones y noticias no contrastadas  de fuentes poco fidedignas. Llega un momento que cerramos los ojos y los oídos a ese exceso de “novedades” con el peligro de no atender a lo estrictamente importante.

       Vamos a la buena noticia de hoy. A nuestro alrededor circula un colectivo de personas a las que procuramos no mirar demasiado o ignoramos directamente. Son ese grupo de transeúntes, vagabundos, sin techo, homeless o clochards -según el país en que se encuentren- que vegetan en nuestra ciudad. Málaga es una especie de paraíso para ellos. El clima benigno, las playas, el poder vivir en la calle sin muchas dificultades, les hace arribar a nuestra costa y quedarse en ella. Por otra parte, los jóvenes inmigrantes sin papeles se quedan por aquí hasta encontrar la posibilidad de dirigirse hacia el resto de Europa.

       En el barrio del perchel se encuentra  Calor y Café, un lugar donde pernoctar y mejorar sus condiciones vitales para estos hermanos nuestros. Caritas lo abrió en Málaga hace tres años y ahí sigue. Pero el día es muy largo y a sus usuarios los tienen que enviar a la calle de 9 de la mañana a 9 de la noche. Para ellos, normalmente, es la vuelta a su rutina y no hay ningún problema. Ahora si. Con la maldita pandemia de coronavirus no los dejan circular por la calle. Y hacen muy bien. Los malagueños que conocíamos el caso nos movilizamos llamando a muchas puertas para paliar esta situación.

       La buena noticia de hoy es que este tema se ha arreglado. Con la colaboración de todos. El ayuntamiento, caritas, los trabajadores sociales de caritas y sobre todo, los personajes, los héroes anónimos. Esos voluntarios de la Caixa, ese José, propietario de un almacén del Viso que abre sus puertas un sábado por la tarde para suministrar ropa interior y otros productos textiles, la Obra Social de la Caixa que aporta los fondos, los hoteles Amaragua y Don Pablo que suministran toallas. Todo funciona como un reloj con una sola llamada entre las personas de buena voluntad. El albergue de Torremolinos está abierto y atendido.

       Nos quejamos mucho de los bancos. Pero estoy convencido de que mucho de lo que realizan las ONGs no lo podrían hacer sin el soporte de las obras sociales de los mismos. Es justo que se lo agradezcamos. Sobre todo de aquellos que siguen manteniendo el espíritu de las viejas cajas de ahorros. En los tiempos difíciles están dando la talla. A los mayores nos han anticipado la pensión una semana los que la recibimos por CaixaBank. Los de la Obra Social de Unicaja me han llamado por si necesitábamos algo en el Biberódromo. Ole por ellos. Como decía un viejo amigo: Dios se lo pague a Dios.

       Mi buena noticia de hoy es que juntos vamos a poder.   

     

     

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