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    El segmento de plata. Los signos de los tiempos


          En el año 2011 escribía en mi buena noticia: “Desde hace mucho tiempo estoy atento a descubrir los signos de los tiempos. Estos son una serie de circunstancias que nos transmite, llamémosle “la providencia” (que cada uno le aplique sus creencias), para hacernos ver su parecer sobre lo que está sucediendo en el mundo. En el Evangelio de San Mateo se aborda este tema; también lo recoge en la encíclica “Pacem in Terris” (11. 04)  el Papa Juan XXIII, donde los define como una nueva forma de interpretación de las manifestaciones de Dios en las mediaciones humanas, particularmente en la historia. El Concilio Vaticano II abordó profundamente este tema recogido magistralmente en la “Gaudium et Spes”.

           El Papa Juan XXIII consideraba que “el mundo moderno había experimentado y seguía experimentando tales cambios que bien podría decirse que estaban en el umbral de una nueva era. Estas transformaciones trajeron consigo grandes ventajas tecnológicas y también grandes peligros, sobre todo la amenaza de la pérdida del sentido de lo espiritual, pues el progreso moral del hombre no había seguido el ritmo de su progreso material, muchas veces al margen de Dios”.

        “Yo, personalmente, estimo que la segunda parte del Siglo XX y lo que llevamos vivido del XXI son pródigos en mensajes claros y terminantes a la humanidad en los que se nos transmite la necesidad de radicalizarnos, volver a las raíces humanas en algunos aspectos. Estamos manipulando la naturaleza de una forma exagerada y ésta, nos está reivindicando su poder”.

         Estimo que la situación actual es un “signo de los tiempos”, con todas las características que recogen las apreciaciones anteriores de los maestros de la Iglesia. El alejamiento del sentido espiritual de la vida. La prepotencia del hombre sobre su nacimiento, vida, muerte y destino final. El juego con la vida y la muerte. El desprecio a los que no tienen la suerte de vivir en nuestro “maravilloso” occidente.

        Nos ha llegado el tiempo de la humildad. De descubrir la maravilla que es el ser humano per se. Una de las frases que me han hecho meditar más profundamente la escuché el otro día de boca de uno de los muchos que se asoman a las pantallas. “Este es un problema global que se resuelve con la aportación individual”.

        Los signos de los tiempos tienen también su faceta positiva. Nos han unido mucho más a las personas de buena voluntad, sin necesidad del contacto físico. La gente está leyendo, está pensando, se está sintiendo más solidaria. En una palabra: Está más cerca de Dios. Recibimos oraciones, encomiendas e imágenes que muchos tenían olvidadas.

       Otro signo: Los medios de comunicación nos permiten asistir y vivir la Eucaristía a diario. Hemos entendido mucho mejor la idea de que la Iglesia no es el templo. Es la vivencia común, de los cristianos aun en la distancia. El dibujo que les acompaño lo explica maravillosamente. “La Iglesia no se cierra”.

     

     

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