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    La rebeldía


                La rebeldía es necesaria para constituir nuestra identidad. Cuando nacemos, la relación primera, que es con la función madre, podríamos decir que es de sometimiento, porque estamos a expensas de esa función, de sus cuidados. Sin ella moriríamos. El cachorro humano nace indefenso y, por contra de otras especies que evolucionan más rápidamente, el ser humano depende constantemente de otras personas para vivir y desarrollarse.

                En la etapa anal (alrededor de los 2-3 años)  que es la de control de los esfínteres, acontece la primera rebeldía, donde en la relación con la persona que está al cuidado, la maneja a través expulsar- retener, se convierte en su relación con el medio. Si defeca o no defeca, con la consecuente preocupación de los progenitores. Ve una gran fuente de poder en la atención con esa relación.  Aquí se forja el carácter, la tacañería, porque también posteriormente va a estar relacionado con el manejo de dinero.

                Con la llegada de la pubertad, hay una caída de la idealización de las figuras parentales. Ya no son esos padres todopoderosos, sino que se vuelven más reales, con sus defectos y sus virtudes. Es una época compleja donde además de los cambios en el cuerpo también se produce la separación de esa familia idílica para comenzar a construir la propia vida. Supone una rasgadura para el ser humano, dejar atrás esos primeros amores y sustituirlos por el mundo. A veces se realiza de forma dificultosa. Han de forjar su identidad, tomar modelos de identificación con otras personas que se van encontrando en el camino. A veces es difícil dar esos pasos, asimilar los cambios.  Las normas que antes valían ahora no sirven. También reaparece, tras un periodo de latencia, la sexualidad en relación con los otros. A veces los cambios se muestran en la rebeldía, pero hay que distinguir dos clases de rebeldía. Una de ellas es la que es más silenciosa, que hace que uno se pueda ir despegando, que va aceptando que el otro es diferente y se va forjando un camino distinto. Otra es ese amor intenso, esa fijación, que se transforma en odio. Pero no supone ninguna rebeldía, sino que son maneras de permanecer, al no poder elaborar la separación tan necesaria, se transforma en odio pero para seguir pegado a ese ideal. Entonces vemos que hay  una rebeldía para estar aún más unido al otro, como un viraje  a odio de ese intenso amor, fijado a las figuras ideales de la infancia del que no se pueden despegar. Entonces habría una rebeldía que te ayuda a crecer y otras que es una manera de seguir en esa relación infantil, ahora transformada en odio. Partimos de la base que las relaciones amorosas son ambivalentes.

                A veces la propia intolerancia de los progenitores de alguna manera alienta esas respuestas desmedidas y la incapacidad de despegarse. Recordemos que los hijos no son “mis hijos” como algo de mi propiedad, sino una persona que acompañamos en el crecimiento, con criterios e ideas propias a los que tenemos que ayudar a establecerlos.  La familia te tiene que alentar a separarte. El “no” nos civiliza.

                También hay relaciones de rebeldía con uno mismo, porque en nosotros mismos hay contradicciones, digamos que dos mundos se abren en nosotros: lo inconsciente y lo consciente y en los efectos que hay en nuestro día a día vemos también esa rebeldía: quiero pero no puedo, voy en contra de mí mismo...Si es que hay cosas que no puedo manejar, porque somos complejos, hay otro de mí que desconozco.

                Ser rebelde también en las relaciones, porque puedo estar en una relación de sometimiento. Todo no puede ser sí. A través del diálogo se establecen acuerdos, pactos, donde uno no invade al otro. Los amantes se tienen que separar para volverse a encontrar. El otro no puede gobernar mi vida, repetimos esa situación infantil maternal, donde dejo al otro que decida, que haga, para permanecer en esa posición.  Tiene que ver con una inmadurez emocional.

                Vemos que la rebeldía también es una lectura que va más allá de las apariencias. Las grandes rebeliones se hacen desde los pequeños grupos, donde se va forjando un pensamiento, porque la ideología, que es lo que nos dice cómo hemos de vivir, amar, etc. y que mantiene insatisfechas, infelices, con sentimiento de culpa, enfermas nerviosas,  a muchas personas porque no atienden a las necesidades y realidades del ser humano, guía el vivir. Mejor producir la rebeldía del ser humano que piensa y desea en pos de la felicidad y de los verdaderos valores, no sujetos a la ideología y a los sistemas. Con Psicoanálisis se aprende a vivir, a saber desde uno piensa y a construir la felicidad más acorde a cada persona. Uno no es sin otros.

    Laura López, Psicoanalista Grupo Cero

    Telf.: (0034) 610 86 53 55

    www.lauralopezgarcia.com

     

     

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