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    La buena noticia. Momentos


        Tengo un lector amigo que me dice que soy un avezado observador de cuanto ocurre a mí alrededor. Constantemente voy escribiendo en mi mente las historias que me sugiere cuanto contemplo. A veces, lo plasmo en mis escritos.

        De vez en cuando miro hacia adentro. Especialmente en estos tiempos de Navidad en que todo te hace sentirte más sensible. Quizás sucede que, al tener menos necesidad de hundirte en la vorágine de la información y las prisas, tu “alma se serena”.

        Entonces descubres la cantidad de <u>momentos</u> felices que podemos vivir, quizás inadvertidos ante la importancia que damos a los más mínimos problemas. Ayer, sin ir más lejos, descubrí que no tengo corriente eléctrica en una parte de mi casa. Estuve a punto de perder la paz y, lo que es más grave, el sueño. Un <u>momento</u> de desconcierto. En ese <u>momento</u> entró uno de mis nietos en mi cuarto y, guiñándome un ojo, se dirigió a un rincón donde siempre tengo bombones o caramelos. La luz se hizo en mi mente. Un <u>momento</u> feliz.

        Creo que la Navidad, últimamente tan denostada, hace resplandecer los <u>momentos</u> felices que disfrutamos continuamente. Descubres que los compañeros de trabajo son personas con sentimientos y no eslabones de la producción. Te reúnes a comer y beber con ellos, te olvidas de lo negativo y te lo pasas, por una vez, estupendamente con ellos. Personalmente he compartido una comida con una docena de aquellos “jóvenes” que pusimos en marcha Intelhorce y que hoy juntamos, entre los doce, ¡¡novecientos ochenta años!!

        La gente circula por las calles de otra manera, te sonríen sin saber el porqué. Te envían sus mejores deseos a través de las diversas redes de comunicación. Tienes tu <u>momento</u> de esperanza en la lotería de Navidad. Luego disfrutas, también, viendo como les toca a los demás.

         Vuelves a vivir la Nochebuena con los tuyos, cenáis “gloria bendita” como siempre; llegan los Reyes para todos, con tu corbata y tus calcetines, etc., etc. Luego vuelves a tus clases, tu trabajo o tu voluntariado y  pasas la cuesta de enero disfrutando del regusto de lo bien que lo has pasado.

        Todo esto pensaba en mi duermevela. Recordaba a mis padres, tan presentes en mi mente en estos días. Lo feliz que has sido en tu etapa de formación, tu trabajo y tu vuelta a la Universidad en tu senectud. La cantidad de personas con las que has convivido cuando eras un “transportista de maletas”, un evangelizador o, últimamente, un “periodista jubilado”. Has podido convivir con un Obispo jubilado y pobre; ver aflorar a mis ojos lagrimas ante la belleza de un niño cantando flamenco, unos ancianos cogidos de la mano o unos padres contemplando su hijo recién nacido; he podido conocer lo mejor del voluntariado malagueño y coger en brazos a una muñeca africana rescatada de la muerte por un cura medio loco y sus adláteres.

       Cuarenta y nueve años de casado, ocho hijos y diecinueve nietos dan de sí muchos <u>momentos maravillosos</u>. Siempre tienes motivo para ser feliz. Eso es la Navidad. La luz que ilumina nuestra vida con la presencia del Niño que nace en nuestros corazones y la estrella que guía nuestras vidas hacia un mundo mejor.

        Mi buena noticia de hoy es que estamos en Navidad. La luz eléctrica de mi casa esta flaqueando. Pero el rayo estelar que brilla sobre el pobre Belén de mi casa, ilumina este y otros muchos <u>momentos felices</u>. FELIZ NAVIDAD PARA TODOS.

     

     

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