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    Acciones y omisiones


    El día 15 ppdo., “Liberal enfurruñada” publicó en OK diario “La culpa no es de los jueces sino de los políticos”, artículo que reseña las modificaciones hechas en el código penal por lo gobiernos de Felipe González y José L. Rodríguez Zapatero que han impedido que el Tribunal pudiera condenar a los acusados por rebelión y sólo por sedición. También recuerda que fue “Felipe González el que, en diciembre de 1983, transfirió la competencia de prisiones a la Generalidad de Cataluña que será quien aplique a los condenados los beneficios penitenciarios que estime conveniente”. Y que el PP con las mayorías absolutas de Aznar y Rajoy, “así lo dejó”.

    El artículo concluye con estas palabras: “Ahora mismo estamos todos muy enfadados porque no compartimos que los jueces del Tribunal Supremo hayan rebajado la condena del delito de rebelión que veíamos todos tan claro, (…). Pero el enfado de la mayoría de nosotros está mal enfocado(…). Nuestro enfado debe dirigirse a los partidos políticos, el PSOE y el PP son los únicos responsables de este desastre, unos por acción y otros por omisión”.

    En la semana pasada hemos visto los actos tumultuarios que nos ha brindado Cataluña con graves perjuicios para las personas que se vieron inmersas en el caos provocado por los agitadores con bastantes heridos, algunos de gravedad, como el policía y abundantes daños materiales y pillaje.

    Ante la magnitud de lo acontecido hay que preguntarse: Para conseguir el fin deseado ¿Es preceptivo emplear la violencia que hemos visto? ¿Es lícito, en un estado democrático, exponer y exponerse a las consecuencias derivadas de tales actos? ¿Es esa la forma “pacífica” de intentar resolver la situación? ¿Quién paga los daños causados? …..

    El derecho de manifestación no ampara ni debe amparar el vandalismo. En otra ocasión dije en estas páginas: “Como peligra la estabilidad del Estado, es preciso volver a la cordura, al ‘proyecto de vida en común’, para lo cual los políticos catalanes, radicalizados, recobren el seny, esa percepción ponderada de la vida, al decir literario, característica del pueblo catalán, que ve la realidad con ojos sagaces. El renombrado seny conduce a tomas de posturas sosegadas realistas y no distorsionadoras”.

    A continuación concluía: “Esperemos que la situación generada por la intransigencia, la obcecación y la falta de seny pueda ser conducida por buenas lindes”. Mi pesimismo me dice que no ocurrirá. Y es lamentable.  

     

     

     

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