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    La buena noticia. Lecturas que dan luz


        El pasado miércoles andaba deprimido -como casi siempre- inopinadamente, me encontré con esta recomendación.

           Tú, el que seas, que te eriges en juez, no tienes disculpa; al dar sentencia contra el otro te condenas tú mismo, porque tú, el juez, te portas igual… Con la dureza de tu corazón impenitente te estás almacenando castigos para el día del castigo, cuando se revelará el justo juicio de Dios (o de la historia), pagando a cada uno según sus obras. A los que han perseverado en hacer el bien, porque buscaban contemplar su gloria y superar la muerte, les dará vida eterna ( y de momento, serán más felices) ; a los porfiados que se rebelan contra la verdad y se rinden a la injusticia, les dará un castigo implacable. Pena y angustia tocarán a todo malhechor, primero al judío, pero también al griego; en cambio, gloria, honor y paz a todo el que obre. el bien, primero al judío, pero también al griego; porque Dios no tiene favoritismos. (Y la historia es inexorable).  (Pablo a los romanos 2,1-11).

          Sí, ya sé que estos es un rollo para los no creyentes. Pero es un pensamiento, escrito hace dos mil años –con mis notas marginales-, que describe la realidad de los hechos y por donde van los tiros. No es necesaria la condena de Dios. Para los que pensamos un poco, la primera condena de nuestros actos nace de nosotros mismos.

        Por ello –y esta es mi buena noticia de hoy- tenemos la posibilidad de no caer en el error de aquellos a los que criticamos, sean “los nuestros” o “los otros”. La situación de Cataluña me hace pensar y sufrir. Ya están empezando a asomar los cobardes que se excusan en la masa para “liarla” en otras ciudades de fuera de Cataluña. De un lado y de otro. Lo importante es oponerse a lo que sea.

        Entre tanto, aquellos aquejados por las enfermedades y sus familiares, luchan y se manifiestan a su manera, para conseguir medios con los que financiar la investigación y la cura de sus padecimientos. Carreras solidarias, lazos y gestos que representan una parte mínima de lo que se gasta en intentar (sin conseguirlo) neutralizar la guerra abierta de cada noche en las grandes ciudades catalanas.

          Mi buena noticia de hoy me la transmiten esas mujeres que han padecido un cáncer de mama y que, gracias a la medicina moderna, han conseguido superar la enfermedad en el ¡¡noventa por ciento!! de los casos. Prevención y tratamiento adecuado. Ese es el milagro. Otra “buena noticia”. Esos catalanes del signo que tengan que han impedido que se desatara de nuevo este sábado la guerra de la “Plaza de Urquinaona”. ¡Ay de aquella Barcelona en la que me pasaba horas y horas paseando por sus calles en paz! Espero que todo vuelva a su ser. Si no lo impiden los salvadores de las patrias.

     

     

     

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