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Sentir para aprender


Alegría, tristeza, miedo, ira, enfado, vergüenza… ¿Qué hacemos con lo que sentimos? ¿Lo entendemos? ¿Lo expresamos? ¿Cómo lo canalizamos? ¿Cuál es el final de esas pulsiones que son inherentes a la condición humana? El trabajo emocional ha pasado a convertirse en uno de los ejes fundamentales en la vertebración de los procesos de aprendizaje, algo que tiene mucho sentido cuando el objetivo es caminar hacía un concepto integral de la Educación, vital en las etapas de iniciación escolar. Es en el proceso de interacción con los compañeros, donde los alumnos más pequeños comienzan a reaccionar ante determinados sentimientos que no saben muy bien de dónde vienen, el motivo por el que están ahí o si han llegado para quedarse.

Las emociones importan y mucho. Tanto que rigen el estado de ánimo y son capaces de facilitar o dificultar hasta el extremo la adquisición del conocimiento -se habla de habilidades intrapersonales e interpersonales-, un tema que se encuentra en el punto de mira de todos los coordinadores de etapa del centro y que tiene un enfoque aún más especial en el Segundo Ciclo de Infantil. El equipo docente que cubre el primer tramo de Enseñanzas Regladas cuenta este curso con un aliado muy especial para el trabajo emocional con los pequeños. Se trata de una Paloma que al principio de cada mes vuela por cada una de las clases llevando un mensaje que nos va a servir como hilo conductor para identificar y comenzar a hablar de ‘eso que sentimos’ y de cómo lo gestionamos. Esta singular ave es la herramienta elegida para introducir el tema que se convertirá en el objeto de atención durante todo el mes -alegría, tristeza, miedo, vergüenza, motivación, etc.- y que se incluye en el marco de este maravilloso proyecto de Inteligencia Emocional que nos está ayudando a conocernos mejor, a ser más autónomos, a ganar confianza, a superar problemas y a alcanzar metas en equipo, a relacionarnos con los demás, a cooperar, a interiorizar valores y a integrar la diferencia con armonía y respeto.

El proyecto, que surge a iniciativa del Departamento de Orientación del centro, incluye talleres, actividades de cuentacuentos para el trabajo en valores, asambleas, juegos y otras muchas actividades que permiten aprender jugando mientras los niños y niñas reafirman su identidad, ganan en confianza y autonomía, refuerzan su autoestima y se desarrollan como seres humanos más empáticos, cercanos y capaces. 

La ‘paloma de las emociones’, que ya ha realizado dos apariciones en lo que va de año y que va dejando un rastro de purpurina de diferente color según sea el tema anímico que toque tratar ese mes, ha puesto a los pequeños sobre la pista de lo que deben hacer cuando están tristes o enojados, así como a gestionar el miedo y su contrario. Sus lecciones, que se incluyen de manera transversal en el trabajo diario del resto de contenidos curriculares de la etapa, seguirán acompañándoles hasta el final de curso, así como ayudándoles a que seamos conscientes de que a veces ver lo que ocurre dentro es tan importante como tomar nota de lo que pasa fuera.

 

 

 

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