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El Copo. Ensoñaciones (y II)


Inició el trío de estrellas su proximidad hacia mí. Cerré los ojos. La humedad de las arenas penetraba mis espaldas, el pinar de la “Casita Azul” unía a su fragancia el sabor de las flores de sal; un último silabario de trinos de chamarines insinuaba al silencio.

         Entreabrí el alma, y los párpados percibieron tres destellos al unísono. Sentí quebrarse el cristal de la vida, y palpé su deseo que me estuvo negado durante el día.

         Creo que mi cuerpo descansó dormido al tiempo que mi espíritu se alimentaba con el latido de un corazón despierto al asombro.

         Unas suaves y húmedas caricias bendecían mis doloridos pies. Un perrito, de lana más blanca que la pureza perdida de una niña bosnia, me besaba; entre sus tusones, un rizo anudado de rubio cabello de niño. Todo era apacible. Sonreí.

         Sé que vosotros y vosotras, amigos y amantes de la poesía pura -manantío del alma- tenéis otras pequeñeces que contarme.

         Haremos, junto a la fogata de la amistad, un círculo de fantasías no productivas, de tiempos perdidos en la posibilidad de hacer realidad la utopía, de miradas constantes a la gruta de la ilusión.

         Anudaremos tu tristeza y mi alegría, tu ilusión y mi realidad; hablaremos de los dioses que palpamos, de la eternidad gozada y dejaremos para siempre, en el baúl de los objetos olvidados -cuya llave lanzaremos al olvido- la pisada vergonzante de nuestros cuerpos y el aliento de nuestras almas por un mundo que no es el nuestro.

         Así sea.

 

www.josegarciaperez.es

 

 

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