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El Copo. El “descerebrado” Puygdemont


Con el señor Puygdemont, al que no debe aplicarse la titulación de “muy honorable” por la cobardía que ostenta, nos podemos volver locos si queremos entenderlo al intentar descifrar su lenguaje y acciones desde que por un “golpe de Estado político” se convirtió en Presidente de la República Catalana, cuando en la tardenoche del pasado viernes votó, junto a sus compinches, en secreto, la Declaración Unilateral de Independencia basándose en los resultados del ilegal Referéndum del 1º de Octubre.

                Una “república” no ya bananera sino fantasmagórica que dejó en el mástil de la Generalitat la bandera de España mientras unos 10.000 jóvenes solicitaban su presencia en la famosa balconada de la Plaza de Sant Jaume, donde seguía, y sigue, ondeando la roja y gualda. Horas antes fue tildado por los suyos de traidor a la DUI cuando estuvo a punto de convocar elecciones en la Comunidad catalana.

                Después llegó el artículo 155 con una serie de medidas tendentes a restaurar la ilegalidad proclamada por la panda de ilusos que parece liderar. Se fue el hombre y se anunció, a bombo y platillo, una declaración institucional de semejante ciudadano que, previamente había grabado en plasma, y fue retransmitida ante una expectación, no digamos que mesiánica, pero sí de sumo interés, cuando, al mismo tiempo que se hacia el engaño, fue “pillado” por la prensa, en este caso la Sexta, tomando unos pinchos y caldos con sus allegados amigos de Girona; o sea, que ni Rajoy en sus mejores tiempos.

                Cuando era esperado en el partido de fútbol del Girona con el Real Madrid, el buen señor, es un decir, se las piraba a Bruselas, con escala en Marsella; el estupor alcanzaba sus más altas cotas cuando he aquí que se anuncia una rueda de prensa del que se diluye como nadie que me he tragado de sopetón para escuchar en castellano, catalán, francés e inglés las más grandes contradicciones que mis deteriorados oídos políticos han permitido, me salva que alguien traducía al castellano o español.

                Pues bien, este descerebrado político que despotrica del artº 1555, acepta con sumo placer las elecciones autonómicas que Mariano Rajoy ha convocado a través del citado artículo, pero dice mantener su status de Presidente de la República de Catalunya; el colmo del idiota es creer que todos lo son menos él.

                España, Cataluña y Cartagena no son merecedoras de semejante descerebrado.

                Seguiremos, porque esto durará más que aquella pesada serie de Arrayán

 

www.josegarciaperez.es

 

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