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El Copo. Si aborrezco de mí, lo hago de todo


Una serie de circunstancias fisiológicas ha hecho mella en mí espíritu taladrando el orgullo de ser persona normal y estoy dispuesto, por la buenas o las malas, a merecerme una “canina” digna; si ello, aborrecer de uno mismo, es así, ya se pueden imaginar lo que siento por toda la martingala política que en el día de hoy ha asolado, y lo sigue haciendo, a la clase política en general.

Son demasiados los frentes abiertos en esta tragicomedia de la posible República Catalana o de la ya dudosa aprobación del artículo 155 en el Senado por aquello de que el “fuera de la ley” podría convocar unas elecciones corrientes sin DUI de por medio y sin la palabreja constituyente, no hablemos de la posible bajada de pantalones o bragas del PSOE en la puesta en marcha del citado artículo ante la anterior contingencia y, además, no debemos olvidar que Montoro ha dicho, con el estupor de numerosos catalanes de buena voluntad, que a todos aquellos funcionarios que hicieron huelga el pasado día 3 del corriente mes verán descontadas de su sueldo el perraje del día de autos, y ello a pesar de que el señor Junqueras -mentiroso compulsivo- afirmase lo contrario.

Que no, amigos y enemigos ciudadanos españoles, esta gente -los Puygdemont, Forcadell, Junqueras, Romera, Turull, Anna, etc.- son merecedores por lo que nos están haciendo pasar y por creerse dioses sin mácula alguna, cuando son auténticos proscritos, de que se les corte el flujo de parné provenientes de nuestros bolsillos en forma de impuestos y que pasen más de una noche en el trullo escuchando, les guste o no, el Viva España de Manolo Escobar ya que el Himno Nacional no es merecedor que atraviese el martillo, yunque, lenticular y estribo de semejante panda de trileros de la política.

Si Mariano Rajoy se quedase solo ante la aplicación del artículo del 155 que no dude en ponerlo en ejecución; cantidad de españoles estaríamos de acuerdo con su decisión, pues lo seguro es que nunca, cualquier ciudadano que se sienta español -sea de izquierdas o derechas- no debe ya consentir que las regiones pobres de España sigan dando su sangre, la nuestra, a este vampirismo insaciable que engendra, en este caso, el catalanismo independentista.

 

www.josegarciaperez.es

 

 

 

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