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El Copo. El parchís, la oca y el dominó


Andaba un servidor de ustedes, también de la verdad, buscando la forma de escribir una columna política ante la inminente aprobación de los Presupuestos Generales del Estado -hecho que tal vez efectúe mañana-, cuando mi buen amigo Ignacio, bueno de verdad, quiso saber de mí pues hacía días que no nos veíamos por aquello de que no veo la sagrada luz de la inmensa noche y el dorado color del güisqui porque me encuentro inmerso en la tarea de detener un posible alzheimer de una criatura a la que quiero sin desearlo, sino porquesí.

                Así que sin pensarlo en demasía fui a su encuentro y al del rico moka que me había invitado a través del móvil; allí estaba él como una manifestación sagrada -hierofanía- de Dios. Claro es que tras el café, como siempre, recurrimos a embelesarnos con el aroma del alcohol rebajado y tomamos dos o tres calibres para que la maldita vergüenza, esa que pone el pinchaúvas para callar los corazones, desapareciera del todo.

                ¿Qué no te veo? y ¿qué te pasa? martilleó de forma insistente y yo, como casi siempre, me hice el tonto dando largas a tal rosario de preguntas insistentes sobre eso que llaman la intimidad.

                Cansado ya de tanto silencio forzado di rienda suelta al corazón y le conté mis penas y alegría, ya saben, esas que nacen de un corazón deseoso de ser escuchado sin poner a un ser sagrado, como pudiera ser Dios, de testigo culpable o inocente de mis problemas.

                Lo puse al tanto de la problemática que intento llevar con delicadeza y fortaleza, abismo y cielo de la maldita lógica razón. Comenté con él la memoria que tiende a evaporarse de ella, de su sonrisa perpetua pase lo que pase, de los consejos médicos para que practicase determinados juegos con ella, ya saben, mi compañera.

                Desapareció de repente y emergió su figura con la frescura de la santidad y entre sus manos sostenía, como patena sagrada, un combinado de juegos, a saber: oca, dominó y parchís, algo así como una nueva santísima trinidad para que, sin rezos de por medio, jugase con ella.

                Y lo amé sin decirle que lo hacía; bienaventurados los auténticos amigos.

 

www.josegarciaperez.es

 

 

Comentarios
  • Isabel

    8 May 2017

    Sabiendo, por experiencia, lo duro que es este proceso, tienes todo mi apoyo y mi compasión a tu querida compañera

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