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Un "porquesí" con Javier


Por edad, Javier podría ser mi hijo; pero no, es mi inmediato superior, o sea, el director de El Faro de Málaga, periódico digital en el que cuelgo mis copos traducidos a columnas periodísticas desde hace un buen montón de años.

         Al vivir él más allá de la carretera de Cádiz y un servidor en el perímetro urbano de esta ciudad, Málaga, “que todo lo acoge y todo lo silencia”, nos vemos físicamente en muy contadas ocasiones, ocasiones estas a las que llamamos “porquesí”, que viene a ser un encuentro de unas pocas o muchas horas en las que comenzamos por hablar de prensa y terminamos hablando de nosotros y nuestras cosas; en realidad todo es un pretexto para que la distancia física que nos separa no se convierta en un stop a ser amigos.

         El pasado martes, hace pues siete días, consagramos uno de nuestros “porquesí” en forma y manera acostumbrada, ya saben: comiendo, bebiendo y echando algún que otro cigarrillo. Así pues cayeron toda clase de “pescaítos” de esta esquina del mediterráneo, a saber: jurelitos, salmonetitos, gambillas, coquinas y cosillas menudas que, sin orden y concierto, nos iban colocando en el velador correspondiente mientras hablábamos mirándonos a los ojos -qué delicia no hacerlo a través del maldito móvil- de nuestras cosas que, aunque no sea creíble, son las de ustedes.

         Terminamos en un bar de mi distrito federal donde dimos fe que esa bebida conocida por güisqui es, de hecho, un útil acompañante para quemar el azúcar, bajar la tensión y que fluya una mayor circulación sanguínea.

         En fin, que lo dejé camino de su casa en perfectas condiciones físicas, psíquicas y mentales; llegado el jueves y observando que no colgaba la columna que le había enviado le llamé usando el móvil y, ¡ay Dios!, estaba y sigue estando internado en el Hospital Clínico.

         Lo llamo todos los días porque no soy muy amante de hospitales, lugar que mi médico de cabecera me tiene prohibido visitar por aquello de posibles infecciones y virus sueltos por rincones. Está mejor y es seguro que de aquí a nada vamos a seguir celebrando algún que otro “porquesí”, celebración que todos debíamos practicar sin necesidad de esperar a un casamiento, bautizo o lo que sea.

         Venga Javier, adelante que no van a poder, por ahora, con nosotros.

 

www.josegarciaperez.es

 

 

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