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Mensajes interceptados


Para comunicarse a distancia se usaban palomas mensajeras, convenientemente amaestradas y entrenadas. Un buen día Luisa María envió a su amado un mensaje con Saeta, su paloma preferida. Le decía: "Ven, es preciso que vengas. Te quiere tu LM". El cazador sorprendió a la paloma en la rama de un árbol y acertó con su flecha en el mismo corazón. La mensajera murió al instante. El cazador encontró la nota cuando fue a desplumarla para echarla al puchero, con el que pensaba almorzar. Comprendió que había interceptado un correo urgente y, con ello, posiblemente, el desarrollo de una historia de amor. Se sintió culpable y triste. ¿Quién se sentirá culpable y triste por interceptar nuestros correos-e, nuestros mensajes en el móvil, nuestros escritos en las redes sociales?

 

 

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