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Saber ser, lleva a saber estar


Todo el mundo sabe, aunque también es verdad que otros les han cambiado la historia y lo que saben mejor es que lo olviden, que en España hubo una guerra que iniciaron unos y que como no podía de otro modo ganaron los mismos ...ellos son los poderosos y punto pelota. Que en el antes, en el y en el después se perdieron varias generaciones de españoles y a los que, si seguían siendo los dueños del cortijo nada les importaban. Pero aquellas generaciones de tantas desventajas supo sacar ventajas e inventó la Pensión para los estudiantes, no estudiantes y jóvenes lanzados a la conquista de unos espacios que los alejara de destripar terrones.  Madrid, años cuarenta y cincuenta era un emporio de Pensiones y yo tuve la suerte de estar en algunas de ellas y si empleo la palabra suerte es porque suerte es el aprender a convivir  con otras gentes que no eran tus gentes, y acabaron, en algunos casos, siendo más que tus propias gentes.

Y eso que mi debut en una de esas Pensiones no fue todo lo brillante como para echarlo de menos. Estaba regida por un Cura, ¡¡¡válgame dios!!! y las seis de la mañana de un día cualquiera "alguien" nos fue llamando habitación por habitación e indicándonos que cogiéramos todo lo nuestro y saliéramos pitando...a las nueve, nos dijo, vendría la policía a detener al Cura y a clausurar las instalaciones...y eran de ver de madrugada, seis o siete jóvenes mal vestidos y ojerosos, cargados de maletas, recorriendo el Barrio de Arguelles en busca de donde ubicarse, todos o ninguno, esa era condición previa...la encontramos en la calle Altamirano  y en  ella estuvimos a gusto. Posteriormente, por enfermedad, me vi obligado a cambiar Pensión por Sanatorio, que es otro tipo de convivencia, de la que prometo hablarles otro día. Recalé en una casa familiar, más que pensión, en la que solo externos éramos tres, un Canario estudiante de Arquitectura, Pedro  Masieu, una Alemana llamada Ingrid, de profesión "victima" y yo y digo de profesión victima porque un día, con Doña Eladia, dueña de la casa, delante, nos contó cómo había sido violada por un número indeterminado de Rusos cuando estos entraron en Berlín...no había cumplido los quince años. Ni que decir tiene que a partir de ese momento, Ingrid, dejó de ser la compañera de Pensión para ser la hermana de los que estábamos y de un tercer compañero, Herbert de Guatemala, recientemente incorporado.

Para el año siguiente, al estar mi lugar de trabajo en la Calle Fernández de la Hoz, en el Barrio de Chamberí, la anterior estaba en Hermosilla, Barrio de Salamanca, tuve que buscar algo próximo y recordé que mi hermano Manolo estuvo en la Calle Viriato y allí me fui. La regían Josefina y Félix, matrimonio encantador que recordaba a mi hermano y su "seriedad", el serio de los libros le llamaban. Me acogieron con los brazos abiertos y me dieron la misma habitación que ocupó mi hermano, individual y con balcón a la calle. De la época de mi hermano seguía Ricardo Alonso y Cuevillas Soley, abogado catalán que ya dejaba asomar su incipiente, además de calva, afán de independentista. Tuvimos varias "civilizadas" discusiones. Los Hermanos Diego, Emilio y Jesús, ambos estudiantes de Medicina, dos "navarricos" , padre e hijo, cuyos nombres he olvidado, pero que eran encantadores, Rodrigo, hijo de un granjero extremeño que se vio obligado a mandarlo a Madrid, a estudiar o a lo que fuera, si quería conservar su granja, morían, según nos contó, de cinco a seis aves diarias a manos del "Rodriguín" y que cada  cual de ustedes piense el "método usado". Un tal Javier de Bugallal, nieto de Marqués y un bala perdida. Con los compañeros siempre fue noble y a mí, concretamente, hasta me regaló las alianzas cuando me case, aunque luego me contaron que media hora antes de mi boda todavía no había conseguido el dinero para pagarlas...un Bala el tal Javier...y por fin  estaba Fernando Sanchis Pinna y Cazador, que nadie le quitara "su" Cazador. Debía de haber sido muy castigado por las circunstancias, ya que por cualquier "detalle" que se tuviera con él le hacía llorar. Un "viejecito" para todos nosotros encantador...Convivíamos, nos ayudábamos y un día a la semana salíamos todos juntos y junto regresábamos...era nuestra noche. Un día Jesús, uno de los hermanos Diego, tuvo un feo accidente de moto. Tuvo problema con los Hospitales y todos a una nos ofrecimos a Diego, para con su dirección, atenderle entre todos. Fueron varios meses de cuidados, día y noche, cuando podía cada cual, pero al cabo de los meses, casi todo el Curso, Jesús salió como nuevo. Éramos hermanos hermanados en los caminos y aprendices de la vida que "nuestros mayores" nos habían puesto por delante...de esa vida salimos, unos con mejor futuro que otros, pero todos con la fe en lo que habíamos aprendido....Aquellas generaciones se encontraron con ellas mismas y mucho se debieron a "Aquellas Pensiones". Mi recuerdo para todas ellas y recordar que una de las mayores alegrías del día de mi Boda, en la Iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel, ubicada en la Glorieta de Iglesia, en el Barrio de Chamberí, fue ver a la salida a todos mis "hermanos" de Pensión, incluido el Bala de Javier que, como es lógico, llegó a tiempo con las Alianzas.

No es día, hoy, de mi despedida habitual y sí de recuerdo a todos aquellos que supieron, supimos, labrarnos un futuro desde una generación que pudiéramos llamar, por tantas cosas, MALDITA.

  

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