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De oposición a colaboración


Los partidos de la oposición tienen como lema el que tenía Jaimito en aquella historieta: venía desde lejos al grupo de amigos diciendo: “No estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo” y, cuando llegaba al punto de la reunión, preguntaba: “¿De qué estáis hablando?”. El nuevo, o nuevo viejo, gabinete de Rajoy tiene forzosamente que ser dialogante y los partidos que no están en el gobierno, aun en los casos de que esperen estar en el futuro, tendrían que aprovechar la ocasión para afianzar el papel legislativo del congreso de diputados. Dejar al ejecutivo su papel de tal y, en consecuencia, que legislen los diputados (hombres y mujeres, no hay que decirlo) para, en vez de oposición, las leyes surjan por colaboración y diálogo, nunca por la dictadura de la mayoría absoluta. Después, a la hora de que el gobierno rinda cuentas, los partidos han de ser duros, críticos, intransigentes con lo legislado y no ejecutado. Pero, ¿es que algún político cree en la división de poderes y está por conseguirla?

Si el presidente está en su derecho de nombrar a sus colaboradores ministros, que lo haga, como lo ha hecho. El reproche ha de venir cuando, en algunas de las parcelas o ministerios, traten de darnos gato no legislado por liebre legislada y aprobada por todos.

 ¡Cuánto nos queda que por aprender para ser demócratas! Porque seguimos con la mentalidad de que el más pillo siempre gana la partida y, en ocasiones, el partido.

 

 

 

 

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