Publicidad

El Copo. Plagio


A los ochenta años de edad que te plagien un poema puede tener un doble efecto: alegrarte por haber servido a alguien que, presumiendo de poeta, no sabe escribir poesía y tú le sirves de ayuda para rellenar un libro de malos poemas de su autoría, y en el que brilla con luz propia de una gran constelación el tuyo, o bien enfadarte, denunciar el tema, iniciar un proceso y avergonzar al plagiador, en este caso plagiadora.

         He optado por la primera opción y por silenciar el nombre de ella, del libro y de la editorial, pues al fin y al cabo este atropello intelectual, en cierta manera me enorgullece pues, sabiendo de la posibilidad de que pudiese ocurrir, publico en Facebook todo aquello que escribo, haya sido o no publicado.

         Me entretengo, doy fe de mi quehacer literario y lo paso “pipa”; ello es un milagro que no se puede pagar con nada. Y lo seguiré haciendo y si alguno de mis posibles lectores me pregunta algo sobre poesía le contesto, si sé, con sumo agrado y me enorgullece que me llamen “maestro”, palabra que, por cierto, junto a la de “abuelo” consolidan un milagro poético no ya porque ambas palabras, “maestro y abuelo”, tengan asonancia en “eo” sino porque conforman el mayor título de sabiduría que se pueda conceder a una persona.

         Eso que has hecho no se debe hacer, pues tú misma en el poema PLAGIO de tu libro, en parte mío, dices -cualquiera sabe si también es plagiado-: “Me amotino contra la mediocridad,/ el plagio/ la falta de ideas/ el hurto de los cerebros/…”. Debes aplicarte el cuento, amiga.

         Otra cosa, cuando plagies, porque lo seguirás haciendo, hazlo bien, o sea, respeta el ritmo endecasilábico y el interno pues, sin quererlo o por no saber, estropeas el original y eso es más difícil de perdonar.

         Y ya está. No vale la pena perder ni siquiera este corto tiempo dedicado a una burda filigrana de piratería.

www.josegarciaperez.es

 

 

 

Comentarios
  • José G

    24 August 2016

    De nada.

  • Lola

    23 August 2016

    Últimamente se me caen mitos como los ángeles del cielo en Alepo. No es propio de un digno maestro lanzar la piedra y esconder la mano; lo encuentro de una cobardía impropia viniendo de una persona que se enorgullece de no tener pelos ni espinas en la lengua. Por eso no entiendo que omita el nombre de la autora que -según su opinión- le ha plagiado un poema; poemas que por cierto tampoco nos pone para que podamos opinar -desde la objetividad- cuál es el original, el supuesto plagio y la duda sobre la autora que -sabiamente…- ha dejado en el aire para que las mentes más retorcidas y vengativas se devanen los sesos en adjudicarme la autoría del plagio a mí.
    Gracias, comandante.

Añadir comentario
- campo obligatorio (*)

Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de El Faro de Málaga
  • No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.